Cuando Dios cierra la puerta

Hay un refrán que reza: “El hombre propone, pero Dios dispone”. En la vida prevemos ciertas ambiciones que deseamos realizar, pero no es algo de lo cual tenemos la certeza de que suceda. El sabio dijo algo parecido en Proverbios 16:1 cuando dijo: “Del hombre son las disposiciones del corazón”. La Biblia nos confirma que Dios es bueno y no comete errores nunca. Nos parece a veces que Dios se equivoca y no nos permite realizar nuestros planes o sueños. Pero cuando Dios cierra la puerta, por algo la cierra. Siempre tiene un propósito bueno.

David y su visión

El rey David ya había reinado unos cuantos años sobre Israel. Había hecho muchas guerras contra sus enemigos y los había vencido. También se le había edificado una casa en Jerusalén. Era una verdadera mansión de piedra canteada y madera de cedro proveniente del lejano Líbano. Sin embargo, a David le obsesionaba una idea que aún no había realizado. Él se soñaba con construer una casa a Jehová.

David amaba a Dios sobre todas las cosas. Era un hombre conforme al corazón de Dios. En un salmo que compuso, expresó un profundo deseo que tenía con los siguientes versos: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4).

El templo a que David se refería probablemente era la tienda que él mismo había erigido para el arca del pacto. Pero, la casa de sus sueños para Dios debía ser “magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las tierras” (1 Crónicas 22:5).

Un día, el profeta Natán visitaba a David en su casa. Entonces el rey dijo:

—Ya ves que yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová está entre cortinas.

—Haz todo lo que está en tu corazón —le respondió Natán—, porque Dios está contigo.

David está en un dilema

El siguiente día, el profeta Natán volvió a David y le dijo:

—Tengo un mensaje de Jehová para ti. Él ha dicho que tú no le edificarás casa en que él habite. Cuando tus días sean cumplidos, levantará a uno de tus hijos y él le edificará casa y Dios le afirmará su trono para siempre.

Podemos pensar que estas palabras fueron un golpe para David, y una puerta que se cerraba a lo que él soñaba hacer para Dios. ¿No era de él la visión? ¿No podía su Dios entender que era por amor a su nombre que él quería hacer esto? ¿Por qué dejaría a otro hacer lo que él mismo tuviera la capacidad de realizar?

¿Qué hizo David en cuanto a este dilema? Hubiera podido ver esto como una “puerta cerrada” que obraba en contra de sus sueños. Hubiera podido cruzarse de brazos con una actitud de disgusto y murmuración. También hubiera podido creer que él como rey de Israel tendría toda la capacidad de hacer caso omiso a la “opinión” del profeta Natán y continuar con su emprendimiento.

David colabora con Dios

David, al reflexionar sobre el nuevo plan de acción, actuó de modo sumamente humilde y rendido a los designios de Dios. Entró en la presencia de Jehová y adoró. Alabó a Dios por hacerle saber su voluntad. Dijo: “Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho” (1 Crónicas 17:23).

Ahora David no se consideraba dueño de su noble empresa, sino colaborador con Dios y el plan suyo. De esta manera, su visión no se desvaneció, sino se enriqueció de una manera que en su propia fuerza no hubiera logrado jamás.

Acto seguido, David pone manos a la obra, pero siempre de conformidad con el plan de acción de Dios. Dedica para la casa de Dios todo el oro y la plata que recoge del botín de sus conquistas, entre muchos materiales más. Con el paso del tiempo, le nace su hijo Salomón que Dios había elegido para hacer realidad su visión. A éste lo instruye en los caminos de Dios (Proverbios 4:4), y lo amonesta rigurosamente a cumplir con diligencia el plan de Dios (1 Crónicas, capítulos 22-26).

David delega su visión a su hijo

Un poco antes de su muerte, David delega a Salomón su visión, el sueño que lo había obsesionado durante muchos años. Era el legado que había más cerca de su corazón, cosa que en el principio había sido “muy de él”, pero que había tenido que entregar a Dios. Entrega a su hijo todo lo que había preparado para el templo y le dice:

“Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová” (1 Crónicas 28:20).

¿Captaría Salomón la visión de su padre? Después de que David fallecería, ¿qué haría Salomón? ¿Se avivaría en su corazón el mismo fuego que había ardido en su padre? O ¿adoptaría la postura de muchos hijos que dicen: “El viejito pensaba así, pero yo opino de forma distinta”?

Nota conmigo las palabras que Salomón envía a decir al rey Hiram, antiguo amigo de su padre David. Compara lo que dice con la visión de su padre en 1 Crónicas 22:5-7. Él dice: “He aquí, yo tengo que edificar casa al nombre de Jehová mi Dios... Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande; porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses” (2 Crónicas 2:4-5).

¿Puedes percibir conmigo por qué Salomón comprendió la visión de su padre? ¿Es comprensible del porqué la abrazó como suya propia y con tanta pasión? ¿No será como factor significante la manera en que David se humilló y respondió a lo que parecía ser una “puerta cerrada” a su ambición? Sin duda, hubo otros factores que también contribuyeron a esto, pero es obvio que la actitud de David tuvo mucho que ver.

Analicemos ahora tres cosas extraordinarias que Dios puede hacer con la persona con la disposición que manifestó David.

Primero, Dios puede así hacer su voluntad durante toda nuestra vida con mayor libertad y a la mayor perfección. Existen pocas cosas que sirven de obstáculos en la obra de Dios como un espíritu de quejas, murmuraciones, y amargura. Por el contrario, la humildad y disposición sincera de cooperar con el plan de Dios abre la puerta a ilimitadas posibilidades. ¡Qué habrá más magnífico que la humilde profesión de colaborador con el máximo Diseñador de los programas de la vida! No existe, ni jamás habrá, ninguna profesión de mejor recompensa y de mayor éxito que ésta. En colaboración con el plan de acción de Dios, alcanzamos propósitos que no podríamos jamás realizar si los hiciéramos a nuestra manera.

Segundo, donde existe una actitud como la de David, Dios toma hasta errores que hayamos cometido y los utiliza a beneficio de hacer realidad su voluntad. La historia bíblica registra dos errores graves que cometió David: el pecado de adulterio (2 Samuel, capítulo 11) y el censo que hizo de los hombres de Israel (2 Samuel, capítulo 24). En ambos casos, hubo graves consecuencias tanto para David como para la nación de Israel. Sin embargo, después de que David se humillara y se arrepintiera, Dios utilizó estos dos errores como eslabones en la agenda para la construcción del templo. ¿Cómo lo hizo? En primer lugar, escogió a Betsabé, la mujer con quien David había pecado, como madre del que iba a construir el templo. Después, cuando David comprendió que Dios había aceptado su sacrificio en expiación por haber hecho el censo, él dijo: “Aquí estará la casa de Jehová Dios, y aquí el altar del holocausto para Israel” (1 Crónicas 22:1).

Tercero, el traspaso exitoso de la visión de padre a hijo, de una generación a otra, se realiza con mayor facilidad cuando los mayores manifiestan la misma actitud que tenía David. Lamentablemente, hoy día es común que los menores no abracen los valores cristianos que sus mayores les han enseñado. ¿Tendrá que ver esto con la actitud y disposición de los mayores con respecto al consejo y los designios de Dios en su vida? Muchos padres señalan a la juventud como rebelde y falta de valores. Pero, hacemos bien en recordar que cuando señalo a otros con el dedo índice, tres dedos (el cordial, el anular, y el meñique) me señalan a mí. Es decir, me refiero a los tres puntos que acabamos de analizar.

Los caminos y designios de Dios son un misterio para mí. ¿Por qué se complace él en perdonar mis pecados, convertir la ceniza en gloria (Isaías 61:3), y utilizar cosas de mi historial de errores en la construcción de un hermoso templo para su gloria? ¿Cómo hace él que el corazón del hijo se una con la visión de sus padres? ¿Qué necesidad tiene él de tomar mis sueños y hacerme colaborador suyo en sus programas? Ciertamente, los caminos de Dios son incomprensibles. Junto con David, doblo mis rodillas delante de su presencia y lo adoro.

Reflexionemos seriamente sobre el ejemplo del hombre que era conforme al corazón de Dios, y cómo esto contribuyó a su éxito.

Detalhes
Idioma
Español
Autor
Pablo Schrock
Editora
Publicadora La Merced

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