Principios de la autoridad bíblica en el lugar laboral

Dios nos enseña en su Palabra cómo debe funcionar el orden de autoridad en el sector laboral. Sea que esté en posición de empleado o patrono, se necesita del Espíritu de Cristo para que el orden de autoridad funcione tal y como Dios lo planeó.

Autoridad: el poder o el derecho de gobernar, influenciar, o dirigir los pensamientos, las opiniones, y la conducta...; el poder o el derecho de mandar, hacer cumplir, tomar acción, o tomar decisiones finales.

Desde la creación, Dios ha establecido el orden de autoridad para el campo del trabajo. Génesis 1:28 dice: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Aunque este versículo no describe el cuadro de autoridad en su totalidad, sí da una base fundamental. Dios está sobre todo y el hombre tiene el deber de someterse a su autoridad y cumplir lo que él le ha mandado hacer.

El abuso de autoridad en el sector laboral es tan antiguo como lo es el trabajo. Algunos patronos con su posición de autoridad procuran sacar lo máximo de sus empleados con un mínimo de pago. Otros se aprovechan de su posición de autoridad para sujetar a los que están a cargo de ellos.

Por otro lado, hay empleados que resisten a la autoridad de su patrono. Tienen la mentalidad de exigir el máximo pago y con mayores beneficios laborales, pero le ponen poca importancia en lo que se beneficia el patrono.

La sociedad en los últimos 50 años ha promovido la idea de los derechos humanos con un énfasis en establecer leyes para remediar los problemas laborales. Pero, la verdad es que la única respuesta verdadera y válida la puede dar Dios, el que inició la idea del trabajo. El que procura solucionar un problema sin tomar en cuenta lo que Dios dice siempre crea otros problemas. Sus esfuerzos difícilmente resultan para el bien.

Algunos dirán que lo material y el trabajo no tienen que ver con lo espiritual y nuestra relación con Dios. Pero ésa no es una perspectiva bíblica. En realidad, la manera en que uno se relaciona con los compañeros de trabajo puede ser una buena indicación de cómo es su relación con Dios (1 Juan 4:20).

Dios nos enseña en su Palabra cómo debe funcionar el orden de autoridad en el sector laboral. Pero, el ser humano es pecaminoso por naturaleza y muy egoísta en su relación con otros. Por eso debemos escuchar a nuestro Creador y atender a lo que él nos dice.

Los deberes del patrono

El apóstol Pablo dice en Efesios 6:9: “Y vosotros, amos, haced con ellos [siervos] lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas”. Aquí vemos que Dios no hace acepción de personas entre amo y siervo. El uno no es más importante que el otro. Así que, el patrono no debe usar de amenazas para señorear sobre el empleado. Su posición no le da el derecho de tratar mal al que está bajo su autoridad. El patrono que usa de amenazas e intimida al empleado más bien pierde su autoridad.

El apóstol Pablo menciona más deberes del patrono. Dice en Colosenses 4:1: “Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos”. El patrono debe tratar a sus empleados tal y como él quiere que Dios lo trate a él. Debe recordar que él mismo está bajo la autoridad de otro mayor que él. Si él se aprovecha de su posición para sacar provecho personal a costo del empleado, no actúa tal y como Dios hace con él. Él debe más bien usar su posición de autoridad para asegurar que sus empleados puedan cumplir con sus obligaciones. Debe recompensarlos con un salario justo y de acuerdo con el oficio que desempeñan. Es importante que los trate con rectitud y que vele por el bienestar de todos sin acepción de personas.

En la Biblia hay un excelente ejemplo de cómo el patrono debe relacionarse con sus empleados. Booz llegó un día al campo donde sus trabajadores cosechaban cebada. Los saludó con: “Jehová sea con vosotros” (Rut 2:4). Booz primero da reconocimiento a la autoridad de Jehová sobre él. Al mismo tiempo expresa su deseo de que Dios los bendijera a ellos también. No se ve ninguna actitud de amenazas ni el deseo de sacar provecho de sus trabajadores, sino que los trata con todo respeto.

Los deberes del empleado

La Biblia también da unos mandatos para los empleados. Dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre” (Efesios 6:5-8).

Obedecer al patrono y sujetarse a él significan escuchar atentamente lo que el patrono quiere que haga y cómo quiere que se haga. Obedecer “con temor y temblor” quiere decir obedecer con una actitud de profundo respeto. El empleado debe reconocer que hay una autoridad aun más alta que la de su patrono a quien él tendrá que rendir cuentas. Obedecer al patrono “como a Cristo” es un reconocimiento de que a Cristo le importa cómo el empleado responde al patrono y al trabajo. Muestra una actitud de que aun en lo material le rinde servicio a Cristo. Cuando esto se hace voluntariamente, se beneficia no sólo el patrono, sino el empleado mismo recibe bendición por estar bajo la aprobación de Dios. Obedecer y sujetarse de buena voluntad siempre traen resultados positivos.

Volvamos al ejemplo bíblico de Booz y sus trabajadores en Rut 2:4. Cuando Booz los saluda con “Jehová sea con vosotros” ellos responden con “Jehová te bendiga”. Este saludo es una expresión de buena voluntad para con el patrono. La relación que se observa entre Booz y sus empleados es un testimonio vivo de que tanto patrono como empleado se estimaban unos a otros como superiores a sí mismos y no como objetos para sacarle provecho al otro.

En Colosenses 3:22 vemos otro consejo para los empleados. Dice: “Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios”. El empleado debe “obedecer en todo”, con la excepción de que sea algo contrario a los mandamientos de Dios (Hechos 4:19). Debe hacer todo lo posible para cumplir con lo que se le manda. “No sirviendo al ojo” significa que no debe desempeñar su trabajo con el objetivo de recibir alabanza de los hombres. El deseo primordial del empleado sincero es agradar a Dios. Él se siente responsable ante Dios, y ama a Dios y al patrono como a sí mismo. Trabajar con este espíritu trae tranquilidad y éxito en el ámbito del trabajo.

El apóstol Pablo tiene más exhortaciones para los empleados: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:9-10). “Que no sean respondones” es una frase que llama la atención. Ser respondón proviene de un sentimiento de irritación cuando el patrono le pide al empleado hacer algo difícil o desagradable. El respondón habla mal del patrono y le responde de mal modo. Por el contrario, el empleado debe enfocar en lo bueno del patrono. Si es necesario hablarle de algo en que no está de acuerdo, debe comentarlo con todo respeto. Si siente difícil lo que el patrono le manda hacer, debe pedirle ayuda a Dios para cumplirlo. En el versículo 10 dice “no defraudando”. Defraudar al patrono significa robarle o causarle algún perjuicio a la propiedad. El empleado no debe robarle horas, ni dinero, ni materiales al patrono. El hecho de que el patrono tiene más de lo que posee el trabajador o que al patrono no le hace falta lo que se pretende quitar, no le da el derecho al empleado a hacerle daño. Hay empleados que cuando sienten que no reciben suficiente sueldo, toman el derecho de quitarle algunas cosas al patrono. Creen que se merecen recompensarse a sí mismos ya que el patrono no lo hace debidamente. Esto también es defraudar. Qué bello es cuando el empleado adorna “la doctrina de Dios” en su manera de relacionarse con el patrono.

El apóstol Pedro también nos dice algo respecto a este tema: “Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar” (1 Pedro 2:18). Este mandamiento quizá sea uno de los más difíciles de cumplir. Es fácil obedecer a un patrono bueno y afable. Pero cuando tiene modos difíciles de soportar, cuesta más. No sólo es penoso sujetarse con todo respeto al que es difícil de soportar, sino que es fácil sentir que uno tiene el derecho de reclamarle, hablar mal de él, o enojarse con él. Pero Dios nos manda sujetarnos con todo respeto. ¿Qué beneficio hay en eso? En 1 Pedro 2:19-23 lo explica.

El apóstol habla de sufrir injustamente las molestias. También menciona el caso en que haciendo lo bueno sufrimos. Si soportamos con paciencia las molestias, somos aprobados delante de Dios. El apóstol 8 Pedro sigue diciendo que como cristianos fuimos llamados para seguir las pisadas de Jesús. Debemos estar dispuestos a padecer a causa del mal de otros. El texto también nos dice que como cristianos podemos encomendar lo injusto a Dios que juzga justamente.

En muchos casos, el empleado que pasa quejándose y resistiendo a su patrono, al llegar a ser patrono él mismo, tiene la tendencia a tratar a sus empleados de mala forma también. Esto sucede porque el mismo espíritu egoísta que hace que el empleado se queje es el mismo egoísmo que lo hace ser desconsiderado con el patrono. Por lo tanto, sea que esté en posición de empleado o patrono, se necesita del Espíritu de Cristo para que el orden de autoridad funcione tal y como Dios lo planeó.

En conclusión, recordemos que si alguno sale de su debido lugar o si no cumple en conformidad al orden que Dios estableció, hace sufrir a otros. Además, pierde la bendición del Autor y Dueño de todo. Dios es un Dios justo. Él ama la justicia y castiga la injusticia que cometemos contra el prójimo. Así que, como hijos de Dios debemos siempre vivir para el bien del otro. Debemos amar y respetar a todos tal y como Cristo nos trata a nosotros y como queremos que nos traten a nosotros. Lograr la aprobación de Dios en nuestro sitio de trabajo crea un ambiente de paz y tranquilidad. Así adornamos la doctrina de Dios y su nombre es glorificado.

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La Langue
Español
Auteur
Timo Schrock
Éditeur
Publicadora La Merced
Les Sujets

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