Cuando Jesús habla de llevar nuestra cruz, él no se refiere a las enfermedades normales, las dificultades comunes, ni las desilusiones y otras cosas desagradables comunes que enfrenta todo ser humano. Llevar nuestra cruz significa estar dispuestos a sufrir por la causa de Cristo.
Los reformadores de los años mil quinientos D.C. destaca ban cinco pilares teológicos que tendrían gran influencia sobre el mundo religioso de aquella época. Esos pilares eran sola scriptura (sólo las Escrituras), sola fide (sólo la fe), sola gratia (sólo la gracia), solus Christus (sólo Cristo), soli Deo gloria (la gloria sólo a Dios). Éstos eran los términos latinos que destacaban la posición de los reformadores.
Pero había una gran sima entre la teología de ellos y la práctica en la vida diaria. Lutero, Zwinglio, y otros de sus colegas abrazaron una parte de la verdad. Ellos fueron sinceros en identificar los errores doctrinales que enfrentaban, pero les faltó llegar a aceptar lo que la Biblia enseña en cuanto a llevar la cruz. No estaban dispuestos a arriesgar su propia vida por llevar la cruz. No estaban dispuestos a tomar esa cruz que Jesús enseñó en Mateo 16:24. Desde luego, por no aceptar el mandato de Jesús, volvieron a caer en la misma apostasía de la que buscaban separarse. Y este caso se repite todavía hoy día.
Pero había unos creyentes en aquel entonces que actuaron de forma distinta. No sólo creyeron, sino que voluntariamente se negaron a sí mismos, tomaron su cruz, y siguieron a Jesús en ejemplo y enseñanza. Con eso, establecieron un sexto pilar, crux sola (sólo la cruz). Hoy día, hay muy pocos que están dispuestos a aceptar y abrazar este sexto pilar junto con los otros cinco, e identificarse con los que buscaron la fe verdadera. Veamos más en detalle el significado de estos pilares.
Desde luego, nunca es malo obedecer las Escrituras. Siempre es bueno y correcto. Si usamos sólo la Biblia de guía, nunca nos fallará. Es la guía a toda la verdad. Es lo que nos ayuda a percibir los engaños que tratan de negar el poder de Dios. Nos ayuda a no juntarnos con los que profesan ser espirituales pero viven en desobediencia descarada de los mandamientos de la Biblia. Nos muestra cuáles tradiciones son buenas para la vida cristiana y cuáles perjudican la vida espiritual y bíblica. Nos enseña cuándo es necesario abandonar a los amigos o familiares para seguir a nuestro Señor y Maestro (Lucas 14:26).
Es por la fe que empezamos a entender que la vida consiste en más que lo que se percibe con los ojos. Por la fe hallamos lo real… lo verdadero. Es la fe que nos ayuda a discernir entre lo que es palpable y lo que no es palpable. Por la fe descubrimos que lo que no se ve en realidad es lo verdadero, y lo que se ve en este mundo presente es lo que no permanecerá.
El que vive por la fe busca la vida eterna y purifica la esperanza interna que tiene. Sus ojos de fe miran al más allá. Él busca un edificio no hecho de manos (2 Corintios 5:1). Él obedece cuando el Espíritu lo dirige en su camino y acata sus advertencias. Él deja los “tesoros de los egipcios” (Hebreos 11:26) y busca los tesoros de aquella cuidad que no se ve, no hecha de manos. Está dispuesto a sufrir fuera de la puerta (Hebreos13:12). Él no defiende lo de este mundo sino lo del mundo real, lo espiritual. Lo que el mundo considera de poco valor, es lo más importante para él. Es embajador (2 Corintios 4:16-5:7, 20).
Es tan importante recordar que somos pecadores salvados por la gracia de Dios; y sin su gracia estamos perdidos. Es la única manera de evitar el espíritu de sentirnos más santos y espi rituales que los demás. Nos ayuda a no caer en el sistema de los fariseos que es tan común en el cristianismo de hoy en día. No tratamos de justificarnos, sino con honradez tratamos de contestar la pregunta de Jesús: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” (Lucas 10:36). También nos ayuda a hacerle caso al mandamiento de Jesús cuando dijo: “Ve, y haz tu lo mismo” (Lucas 10:37).
Hay muchas cosas en esta vida que tratan de tomar el lugar de la ley de Cristo escrita en el corazón, la ley del amor. Recibimos la ley de Cristo por medio de su muerte en la cruz. Las presiones de este mundo tratan de ha cernos dejar la ley de Cristo para vivir según la ley que no puede salvarnos de la destrucción eterna. Solamente la ley de Cristo obrando por fe en la vida del creyente puede salvarnos de la destrucción eterna. Solamente Cristo, que vino y murió por nuestros pecados puede salvar el alma (Romanos 5:8; 8:1-4; 10:4; Colosenses 2:17-23).
El humanismo enseña que lo más importante de toda la vida es la felicidad del hombre. Pero los que se reúnen alrededor del trono en el cielo proclaman que lo más importante en toda la vida es la gloria de Dios (Apocalipsis 4:10-11). El mundo de hoy, y aun el mundo religioso en gran parte ha aceptado el gran engaño que el humanismo ofrece y sigue buscando lo que satisface la carne. Sólo los que niegan esa herejía, aun en sus formas más sencillas, y ponen los ojos en la gloria de Dios hallarán gracia ante los ojos del Señor.
Cuando Jesús habla de llevar nuestra cruz, él no se refiere a las enfermedades normales, las dificultades comunes, ni las desilusiones y otras cosas desagradables comunes que enfrenta todo ser humano. Llevar nuestra cruz significa pararnos firmemente a favor de la verdad de Dios y en contra de lo malo. Significa estar dispuestos a sufrir por la causa de Cristo. El que lleva la cruz de Cristo se encuentra en conflicto con lo que el mundo presenta en cuanto a los placeres, los tesoros, y los intereses en general. Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). La cruz es lo que el seguidor de Cristo acepta en esta vida porque busca la aprobación de Dios y no la del hombre. No ama las cosas de este mundo, “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Juan 2:16). El mundo tampoco lo ama a él, porque no anda de acuerdo con el mundo. Él confía en el amor de Dios aun cuando eso le trae oposición. Él acepta la oposición con paciencia y lleva su cruz. (Mateo 5:12; Santiago 5:7- 8; 1 Pedro 2:20; 3:14, 17; 4:15, 16, 19).
“Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10)