Principios de la autoridad bíblica en el matrimonio

Autoridad: el poder o el derecho de gobernar, influenciar, o dirigir los pensamientos, las opiniones, y la conducta...; el poder o el derecho de mandar, hacer cumplir, tomar acción, o tomar decisiones finales.

La autoridad en el matrimonio ha sufrido cambios significativos en los últimos 100 años. Anteriormente, los hombres eran los dueños de las propiedades y los administradores de los negocios. Las carreras profesionales y los deberes como ciudadanos del país recaían principalmente sobre los hombres. El papel más importante de la mujer era el de ser compañera del hombre y el ocuparse del trabajo del hogar. Aun en los centros educativos para señoritas los principales cursos se trataban de la cocina, la costura, y cómo ser una mejor ama de casa y una buena madre. Los papeles del hombre y la mujer estaban claramente definidos. Sin embargo, esto ha ido cambiando hasta lo que vemos hoy día.

El movimiento feminista ha venido moldeando la sociedad con su tema de igualdad para la mujer y sus derechos. En parte, el movimiento feminista ha ganado ímpetu debido al incumplimiento del hombre con respecto a su papel y sus abusos de autoridad. No obstante, en su afán por alcanzar sus objetivos, el movimiento feminista ha tachado de injustas las reglas sociales que antes regían el orden de autoridad en el matrimonio establecido por Dios. La idea general en la sociedad es que el cambio ocurrido es bueno y que se han logrado importantes avances en esta materia. Sin embargo, ¿es así, realmente? ¿Cuáles son los papeles del marido y la esposa según el plan de Dios?

Quiero primero dejar claro que, en el Señor, como hijos de Dios y herederos de sus promesas, no hay diferencia entre el hombre y la mujer. Ambos tienen las mismas oportunidades espirituales y una misma posición espiritual delante de Dios (Gálatas 3:25-29). Sin embargo, para el buen funcionamiento del matrimonio, Dios ha delineado unas reglas claras respecto a los papeles del hombre y la mujer que no debemos pasar por alto.

Analicemos tres pasajes del Nuevo Testamento que enseñan unas reglas básicas para el buen funcionamiento del matrimonio. Cada pasaje enfoca el tema desde una perspectiva distinta. A la vez, los tres se entrelazan perfectamente de modo que enseñan un mismo mensaje, gracias al Autor divino que los inspiró.

El principio de cabeza y cuerpo

El varón es la cabeza de la mujer” y “la mujer es gloria del varón” (1 Corintios 11:3 y 7). Otro versículo que confirma este principio y describe el papel del hombre como cabeza y el de la mujer como cuerpo se encuentra en Efesios 5:23.

Este principio es la base principal para comprender la autoridad en el matrimonio. Se apoya en la formación del primer matrimonio según lo relata Génesis 2:18-25. Nótese además lo que sigue diciendo en 1 Corintios 11:8-9: “El varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”.

¿Qué significa ser cabeza de la mujer? ¿Cómo se explica el concepto de que la mujer es el cuerpo del varón o la gloria de él? Una ayuda para alcanzar una comprensión práctica consiste en comparar la relación del hombre y la mujer con el modelo perfecto. Me refiero al modelo que vemos en la relación que Jesús gozaba con el Padre cuando estuvo en la tierra. La Biblia dice que Dios es la cabeza de Jesús, así como el marido es la cabeza de su esposa (1 Corintios 11:3). Jesús expone en detalle la relación entre él y su Padre en Juan 5:19-47. Desde luego, hay aspectos de este modelo que no son aplicables a la relación entre el marido y su esposa. Sin embargo, podemos tomar nota de unos puntos muy importantes que sí encajan cabalmente en nuestras relaciones.

El espacio aquí no permite considerar todo lo que Jesús dice respecto al tema en cuestión. Sin embargo, analicemos en breve algunos puntos que sobresalen. Para relacionar este pasaje con el matrimonio, voy a agregar entre corchetes los nombres “esposo” y “esposa” donde corresponden.

“No puede el Hijo [la esposa] hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre [el esposo]; porque todo lo que el Padre [el esposo] hace, también lo hace el Hijo [la esposa] igualmente” (v.19). Ésta es la actitud de la mujer que desea desempeñar su papel según el plan de Dios. Ella no actúa de manera independiente, sino hace las cosas en conformidad con lo que hace su marido y siempre bajo su autoridad.

“El Padre [el esposo] ama al Hijo [la esposa], y le muestra todas las cosas que él hace” (v.20). ¡Qué excelente relación entre el marido y su esposa! Él la ama y vela por su bienestar. Él confía en ella y no le oculta nada a su esposa.

“El Padre [el esposo] … todo el juicio dio al Hijo [la esposa]” (v.22). Aquí vemos que el esposo le confía a la esposa ciertos juicios y decisiones respecto a su hogar, su dinero, y sus negocios en la ausencia de él o cuando se presenta la necesidad. Él lo hace con toda confianza porque ella permanece en su debido lugar, integrada en la manera de pensar de su marido y comprometida con su causa.

“Como el Padre [el esposo] tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo [la esposa] el tener vida en sí mismo” (v.26). Es decir, el esposo cristiano toma toda responsabilidad de proporcionar a la esposa con lo que necesita para que ella pueda cumplir su papel como ayuda idónea, madre, y ama de casa.

“[Yo, la esposa]no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre [el esposo]” (v.30). Ésta es la verdadera actitud de la esposa cristiana. Su intención es hacer siempre las cosas como su esposo quiere que se hagan. Ella tiene la actitud de “tus deseos son órdenes para mí”.

“Gloria de los hombres no recibo” (v.41). La esposa fiel no busca la aprobación de otros. Se goza en la aprobación de su marido.

“Yo [la esposa] he venido en nombre de mi Padre [el esposo]” (v.43). Aquí vemos que la esposa voluntariamente renuncia a su propia identidad y adopta la de su marido. Dondequiera que vaya, ella se identifica como esposa y compañera de su marido.

¿Podremos encontrar un ejemplo más perfecto que éste con respecto al principio de “cabeza y cuerpo” en el matrimonio? El Padre fue fiel en su posición como cabeza y Jesús cumplió con gozo su deber como cuerpo. ¿Goza su matrimonio de una relación como ésta?

El mandamiento del amor y la sumisión

“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor… Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:22-25). Véase también Colosenses 3:18-19.

Ahora el apóstol Pablo enfoca la autoridad en el matrimonio desde una perspectiva distinta. Aquí se apoya en la relación entre Cristo y su iglesia. Cristo ama a la iglesia como su esposa que es, y la iglesia fiel se sujeta en todo a Cristo, que es su marido. Luego, de esta verdad nace el mandamiento: La esposa debe sujetarse a su marido “como al Señor” y “en todo”, y el marido debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Un amor como éste jamás se convertirá en opresión ni en una autoridad machista.

En este contexto, ¿qué quiere decir “estén sujetas”? En la época en que vivía el apóstol Pablo, éste era un término militar para expresar la manera en que el soldado se subordinaba a las órdenes de su superior. Era una disciplina estricta de respeto y obediencia a la autoridad. Tam bién debe ser la actitud de la esposa cristiana para con su marido.

¿Cómo se vive el amor que el marido debe tener para con su esposa? No se trata de la pasión física que el hombre siente por la mujer. No es un enamoramiento que enloquece al hombre temporalmente. Tampoco se refiere a las atenciones que el hombre tantas veces le muestra a una mujer para conquistarla y para recibir de ella lo que quiere. El amor verdadero es desinteresado. Es una entrega y un sacrificio completo para el bienestar de su esposa. Es el mismo amor que Cristo mostró para con la iglesia al dar su vida por ella.

¿Cuál matrimonio podrá fallar si se sigue fielmente este modelo de amor y sumisión? No hay vientos ni ríos que puedan socavar y destruir un matrimonio establecido sobre estos fundamentos.

El ejemplo de Abraham y Sara

“Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza. Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:6-7).

Vemos al apóstol Pedro reflexionando sobre el matrimonio ejemplar de Abraham y Sara. (Véase el relato en Génesis 18:1-15). Pedro se apoya en este ejemplo para enseñar cuál es la actitud bíblica para con la autoridad en el matrimonio. Así como Abraham se considera padre de la fe para los que creen en Jesús, ahora el apóstol afirma que Sara es madre de la fe para las mujeres que siguen su ejemplo.

El apóstol Pedro menciona a Sara entre las mujeres de conducta casta y respetuosa. Ella procuró lucir un espíritu afable y apacible delante de su marido en vez de lucir adornos externos (1 Pedro 3:2-5). Sara también se armó de la actitud de sierva de su marido, llamándole señor. Para ella era un deber servirle como compañera y ayuda idónea, y lo hacía con gusto. A mí me parece que Sara hubiera considerado ridícula la lucha feminista por la igualdad de la mujer y sus derechos de hoy.

Y ¿cuál fue el ejemplo de Abraham como marido? Él, por su parte, de ningún modo se aprovechó de esta actitud piadosa de su esposa para enseñorearse de ella. Al leer la historia de esta pareja, es obvio que Abraham cuidó de su esposa como el vaso más frágil y coheredera de la gracia de la vida (1 Pedro 3:7). Cuando él le pidió que preparara comida para los ángeles que llegaron a su tienda, ella disponía de todo lo necesario para cumplir con los deseos de su esposo. En otras ocasiones vemos que él escuchaba los consejos y las opiniones de su esposa. La tenía en alta estima. Además, para él era un placer pasar las tardes a la puerta de la tienda con ella. Ambos disfrutaban de la vida juntos.

En cuanto a la autoridad en el matrimonio, surgen muchos casos complicados. Hay muchas preguntas difíciles de contestar. Lo ideal en el matrimonio es que ambos cónyuges desempeñen fielmente sus papeles según el plan de Dios. Pero existen muchos matrimonios en que éste no es el caso.

¿Cuál es el deber del cónyuge si su matrimonio es defectuoso y su pareja no cumple con sus deberes adecuadamente? Primero, la Palabra de Dios pone bases importantes y da consejos prácticos para estos casos. Véase 1 Corintios, capítulo 7 y 1 Pedro 3:1-7. Recomiendo además el libro La vida de una familia cristiana escrito por John Coblentz. En las páginas 171-193 de este libro, el hermano trata el tema de los problemas en el matrimonio y da muchos consejos sabios y apegados a la sana doctrina de la Biblia.

Mi deseo es que Dios bendiga su matrimonio. Animo a ambos cónyuges a que se acojan sinceramente a los principios de autoridad descritos por el Creador del matrimonio. Y aunque su cónyuge sea incumplido en su deber, le aconsejo que siga fielmente con el deber suyo. Esto requiere mucho sacrificio y disciplina, pero vale la pena perseverar fielmente. Dios recompensa en esta vida y en la venidera.

جزئیات
زبان
Español
نویسنده
Pablo Schrock
ناشر
Publicadora La Merced
موضوعات

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