Principios de la autoridad bíblica en la iglesia

Cualquiera que sea el oficio que desempeñamos, como ciudadanos del reino de Dios debemos considerarnos siervos los unos de los otros en la iglesia. En plano del Arquitecto Divino, es bella la comunión de hermanos que se sujetan al plan de Dios y en que cada uno cumpla su deber.

Autoridad: el poder o el derecho de gobernar, influenciar, o dirigir los pensamientos, las opiniones, y la conducta...; el poder o el derecho de mandar, hacer cumplir, tomar acción, o tomar decisiones finales.

A qué nos referimos con decir autoridad en la iglesia? ¿Será compatible el concepto de la autoridad que Dios delega a la iglesia con la idea que el mundo tiene en cuanto a posición, oficios, y autoridad? Como hermano en la iglesia, ¿cómo debo desempeñar un oficio que se me delega y que conlleva cierta autoridad? Además, ¿cuál es mi deber hacia otros que tienen autoridad sobre mí?

En cuanto a este tema, existen muchas opiniones fuertes y diversas. Hay muchas ideas de cómo se define la autoridad en la iglesia y cómo debe interpretarse en la vida práctica.

Mi deseo aquí no es contender sobre opiniones, sino observar lo que la Palabra de Dios revela sobre este tema. Si lo abordamos de esta forma, ya no será lo que yo opino, sino lo que Dios dice.

Antes de todo, examinemos brevemente unos principios que sobresalen en la Palabra de Dios respecto a la autoridad en la iglesia. Estos principios nos ayudarán a entender el corazón de Dios en cuanto al tema. Son fundamentales para entender lo que Dios desea para su iglesia.

El primero será el último y el grande será el servidor

Este principio hallamos en Mateo 20:25-28 y en Marcos 10:42-45. Es un principio fundamental para la iglesia y pone en perspectiva cualquier oficio que conlleva autoridad en el reino de Dios. Sin embargo, es un concepto completamente opuesto a lo que se vive en el mundo. Recordemos, el mundo está bajo el mando del maligno (1 Juan 5:19; Lucas 4:5–7) y Cristo es el rey de la iglesia. Estos dos reyes son enemigos y sus reinos se oponen entre sí. Lo que el uno considera sublime, para el otro es abominación (Lucas 16:15). Por lo tanto, lo que el mundo considera una alta posición de honor, para el cristiano no lo es.

Cualquiera que sea el oficio que desempeñamos, como ciudadanos del reino de Dios debemos considerarnos siervos los unos de los otros en la iglesia. En lugar de considerar nuestro oficio como una posición que nos da la autoridad de dirigir a como nos parece y que nos permite mandar a los demás, debemos recordar que somos siervos y trabajamos para el beneficio de la hermandad.

La iglesia no es una democracia, sino una teocracia

La democracia se define como un tipo de gobierno en que el pueblo elige a sus gobernantes por voz de mayoría, y establece las leyes por voz de los representantes elegidos por el pueblo. Este sistema ha sido considerado ideal para muchas naciones del mundo occidental. Pero, la Biblia enseña otro tipo de gobierno para la iglesia que llamamos teocracia. Esto quiere decir que vivimos bajo la autoridad absoluta de Dios, el cual delega los oficios y puestos de autoridad a como él quiere. (Véase Efesios 1:15-23; 4:11-16; 1 Corintios 12:11.)

La autoridad en la iglesia consiste en el consejo colectivo de los hermanos

En pasajes como Mateo 16:19, 18:15–20, Juan 20:23, Hechos 15:22–25, y 1 Corintios 5:4–5 vemos claramente que la iglesia como grupo tiene autoridad para tratar casos entre los hermanos. La voz unánime de los hermanos espirituales tiene poder, y goza del apoyo de Dios. Por lo tanto, es imprescindible que nuestro concepto sea en conformidad con la Palabra de Dios y no con el patrón del mundo a nuestro alrededor.

La autoridad se delega en proporción con la responsabilidad

Cuando se delega una responsabilidad o cargo a un hermano en la iglesia, es necesario otorgarle la autoridad que se necesita para desempeñar su deber. Por lo contrario, no se delega a la persona más autoridad de lo que conlleva su responsabilidad. Con decir esto, en cada oficio en la iglesia, la persona desempeña su papel bajo autoridad.

Este principio se resalta en el relato del centurión que pidió a Jesús que sanara a su siervo (Lucas 7:1– 10). El hecho de estar bajo autoridad es lo que le daba al centurión la autoridad para mandar a los que estaban a cargo de él.

Por lo tanto, la autoridad en la iglesia no es algo de qué gloriarnos, sino un elemento que corresponde estrechamente con las responsabilidades que se nos delegan. A la vez, abusamos de nuestra autoridad si no nos sujetamos a las autoridades que están sobre nosotros.

Dios distribuye las responsabilidades entre el cuerpo para que todo se lleve a cabo como él desea

Este principio sobresale en 1 Corintios capítulo 12 y Romanos 12:3–8. En Efesios 4:11–16 vemos el mismo principio expresado específicamente referente a los líderes o ancianos de la iglesia.

Con este principio, y en conjunto con los ejemplos que aparecen en la Biblia, concluimos que el ideal de Dios es que haya un equipo de dos o más pastores o ancianos en una iglesia. En el libro de Hechos vemos que se establecían ancianos. En las epístolas del Nuevo Testamento también se mencionan los ancianos de la iglesia y los obispos y diáconos. Siempre se da en plural. Un equipo de varios líderes, con sus respectivos dones, puede dar una dirección más equilibrada y eficaz que un solo pastor.

Veamos a continuación algunos cargos que conllevan autoridad en la iglesia y cómo los hermanos de la iglesia deben relacionarse con los que desempeñan estos oficios.

Para el buen funcionamiento en la iglesia, es necesario que alguien lleve la delantera. La Biblia habla de establecer ancianos en cada iglesia para cuidar de ella y darles liderazgo a los hermanos (Hechos 14:23; Tito 1:5; 1 Timoteo 3:4–5). El apóstol Pablo, en varias de sus epístolas, resume los cargos de los ancianos con los términos de “obispos” y “diáconos” (Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:1; Tito 1:7).

Según el contexto del Nuevo Testamento, se llaman obispos o ancianos intercambiablemente a los que velan por la salud espiritual de la iglesia y los responsables por enseñar, redargüir, corregir, e instruir. La Biblia describe al anciano como el supervisor, el superintendente, y el que vela por la iglesia. 1 Pedro 5:2 dice que el anciano debe apacentar la grey de Dios, que es la iglesia. Es decir, debe cuidar de la congregación y alimentarla como el pastor cuida de sus ovejas. Junto con esta responsabilidad, debe tener gran cuidado de sí mismo y asegurarse de que cumpla su responsabilidad debidamente, pues la iglesia fue comprada con el gran precio de la propia sangre preciosa de Cristo (Hechos 20:28; 1 Timoteo 4:16).

El obispo siempre debe tener en mente que tendrá que dar cuenta a Dios por lo que hace (Hebreos 13:17). Debe ser ejemplo de la iglesia y no como teniendo señorío sobre los hermanos (1 Pedro 5:3). Debe desempeñar su cargo de buena voluntad, pues si cumple fielmente su deber, recibirá la corona de gloria (1 Pedro 5:4).

La Biblia dice que el obispo debe ser irreprensible; es decir, no debe dar ocasión de que se le acuse de pecado o de alguna conducta desordenada (Tito 1:6; 1 Timoteo 3:2). Aunque esto debe ser una meta en la vida de cada creyente (Filipenses 2:15; Tito 2:8), es un requisito imprescindible para el obispo, ya que su deber es velar por la conducta y salud espiritual de la iglesia. Si el obispo no da ejemplo, no podrá ejercer su papel con eficacia. En 1 Timoteo 3:1–7 y Tito 1:5–9 hay más requisitos para el obispo, pero no vamos a exponerlos todos aquí.

El deber primordial del diácono es velar por los asuntos materiales de entre los hermanos. Vemos un ejemplo de esto en Hechos 6:1-6. Aunque la Biblia no los llama diáconos en este caso, su oficio sí corresponde al diaconado. Eran hermanos encargados para servir a las mesas. Específicamente debían velar por la distribución justa e imparcial de los alimentos para las viudas. Luego, los apóstoles les impusieron las manos y les dieron la autoridad debida para desempeñar su deber.

En este caso de Hechos capítulo 6 los apóstoles dieron unos requisitos generales para los que desempeñarían este oficio. Debían ser hermanos de buen testimonio y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. Muchos años después, el apóstol Pablo especifica estos requisitos con más detalles (1 Timoteo 3:8-13).

Aunque la Biblia especifica los papeles primordiales del obispo y del diácono, ambos oficios se entrelazan con la responsabilidad de velar por el bienestar general de los hermanos. Dios les ha entregado la responsabilidad a estos hermanos de dirigir a la iglesia y la autoridad para hacerlo, pero también tienen el deber de desempeñar sus cargos en conformidad con los principios del reino de Dios.

Ahora ¿cómo espera Dios que la iglesia se sujete a la autoridad de sus pastores? ¿Cómo deben los hermanos relacionarse con ellos? Veamos lo que la Biblia dice respecto a esto.

Debemos acordarnos de ellos

Es el deber de los hermanos tomarlos en cuenta y considerar (mirar atentamente) cuál haya sido el resultado de su conducta; debemos imitar su fe (Hebreos 13:7). Los pastores no son perfectos, y en ocasiones cometen errores. Sin embargo, el líder fiel tiene una fe digna de imitar y debemos seguir su ejemplo.

Debemos obedecerlos

Obedecerlos quiere decir que debemos permitirnos ser persuadidos por ellos, estar de acuerdo con ellos, y sujetarnos o rendirnos a ellos (Hebreos 13:17). Dios les ha dado la autoridad a los pastores para dirigir y debemos estar dispuestos a rendir a ellos nuestra voluntad para el bien de la iglesia. Este versículo también nos dice por qué debemos obedecer a los pastores y seguir su ejemplo. Ellos tendrán que dar cuenta de cómo han desempeñado su deber delante de las almas que están a su cuidado. Ésta es una responsabilidad de mucho peso y debemos apoyarlos para que la puedan cumplir con alegría.

Debemos reconocerlos y tenerlos en mucha estima y amor

En 1 Tesalonicenses 5:12-13 nos dice que debemos reconocer, considerar, y estimar a nuestros pastores. El trabajo del pastor es uno de mucho peso y amor, pues laboran entre nosotros, nos guían, nos amonestan, y nos ayudan a andar rectamente delante de Dios. Como ya vimos, procuran el bien de nuestras almas. Tal responsabilidad amerita nuestro amor y comprensión.

Debemos tenerlos por dignos de doble honor

Los ancianos que gobiernan bien deben ser tenidos por dignos de doble honor dice el apóstol Pablo (1 Timoteo 5:17–18). La palabra honor significa “valor, precio, algo de alta estima”. Esto incluye estar al tanto de cualquier necesidad material o económica que tengan y recompensarlos por el tiempo que invierten por causa de la obra. Este pasaje implica que hay los que dedican mucho tiempo y esfuerzo a enseñar y predicar. A ellos debemos recompensar con doble honor.

No debemos recibir una acusación contra un anciano si no hay dos o tres testigos

El anciano está en una posición que exige respeto de parte de los hermanos (1 Timoteo 5:19). Pero debe ser una persona en que los hermanos pueden confiar. Por lo tanto, debemos tratarlo con el respeto que se merece y no creer cualquier acusación que se oye acerca de él. Antes de tomar en cuenta una acusación contra un anciano, debe ser corroborada por dos o tres personas.

Si sucede el caso de que un anciano se halla culpable de algún error o pecado y persiste en ello, la iglesia debe tratar el caso del mismo modo en que se trata el caso de cualquier otro hermano que persiste en pecar. 1 Timoteo 5:20 dice que debe ser reprendido delante de todos para que los demás sientan el peso de la seriedad del pecado.

La importancia de la sujeción

Para el buen funcionamiento en la iglesia, es necesaria una actitud de sujeción de parte de todos. En el caso de los ancianos, ellos se dedican al servicio de la iglesia y se disponen a trabajar y ayudar a los hermanos. En 1 Corintios 16:15–16 nos indica que debemos sujetarnos a personas como ellos. Dado el principio de grandeza en el reino de Dios, los hermanos que se dedican al servicio de la iglesia ganan un cierto grado de autoridad y es nuestro deber reconocerlos.

Los jóvenes deben sujetarse a los ancianos (1 Pedro 5:5). La mayoría de los pasajes del Nuevo Testamento se refieren al término “anciano” como un oficio o puesto en la iglesia. Sin embargo, en 1 Pedro 5:5, parece referirse a personas de edad avanzada. Debemos respetar y honrar a los hermanos mayores (Véase Levítico 19:32; Proverbios 16:31; 20:29.)

La Biblia manda a todos que nos sujetemos los unos a los otros (Efesios 5:21; 1 Pedro 5:5). Los versículos como éstos, en conjunto con los pasajes como Filipenses 2:3-4, nos indican claramente que debemos estimar a los demás como superiores a nosotros mismos. El cristiano debe siempre andar en humildad y con una actitud de sumisión al hermano. Siempre debe andar pensando en el bien de los demás y no en sí mismo.

Conclusión

Lo que hemos visto es solo un breve resumen de la autoridad en la iglesia. Sin embargo, creo que encaja lo que Dios espera de su iglesia y nos introduce a lo bello que es la comunión de hermanos que se sujetan al plan de Dios y en que cada uno cumpla su deber.

جزئیات
زبان
Español
نویسنده
Ronald Yoder
ناشر
Publicadora La Merced
موضوعات

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