La verdad sobre el cielo y el infierno

De verdad existe un lugar llamado “cielo” donde los creyentes morarán para siempre. También existe un lugar llamado “infierno”, el destino para aquel que rechaza la salvación que ofrece Dios. Si aún tienes dudas de que exista el infierno, ¿crees que valdrá la pena correr el riesgo de terminar allí?

En cierta ocasión, un predicador que estaba de visita en una pequeña iglesia de Estados Unidos, predicaba sobre la doctrina del universalismo.  Él afirmó que el infierno no existe, que no habrá castigo después de la muerte, y que finalmente todo ser humano será salvo. Además, dijo que el “infierno” es un invento cruel de la imaginación humana, y que es contrario a la misma existencia de Dios. Cuando terminó su sermón, le informó a la pequeña congregación que él estaría dispuesto a volver y predicar nuevamente dentro de unas semanas.

Enseguida, uno de los hermanos de la iglesia se dirigió al predicador y le dijo: “Si la doctrina que usted predica es cierta, (de que no hay infierno y que al fin todas las personas irán al cielo), no será necesario que nos predique más. Por lo contrario, si su doctrina es falsa y si de verdad hay infierno aunque usted diga que no lo hay, ciertamente no queremos que vuelva.” Lo cierto del caso es que el predicador no volvió nunca a predicar en esa iglesia.

El propósito de este artículo es poner en relieve la verdad con respecto al cielo y el infierno de acuerdo con lo que nos enseña la Biblia. En Lucas 16:19-31, Jesús habla de la muerte de dos hombres. Uno de ellos murió y fue llevado a la presencia de Dios por los ángeles. Cuando un hijo de Dios muere, hay una escolta de ángeles que se encarga de llevarlo a la casa del Padre celestial (Lucas 16:22). Jesús sigue diciendo que el rico también murió y fue sepultado. Luego, en el infierno alzó sus ojos, estando en tormentos (Lucas 16:22-23).

Esta anécdota que Jesús relató es de dos hombres comunes y corrientes tal y como nosotros hoy día. Cuando fallecieron, enseguida se hallaron en la eternidad, uno en un lugar de tormentos y el otro en un lugar de consuelo junto al patriarca, Abraham. Existen únicamente dos destinos después de la muerte. La Biblia lo afirma muchas veces. Habla del camino espacioso que lleva al destino del castigo eterno, y el camino angosto que lleva al destino de la vida eterna (Mateo 7:13-14). Habla de la cizaña que se recogerá al final de los tiempos y que será quemada, y del trigo que se recogerá en los graneros (Mateo 13:30). Relata también del siervo infiel que fue lanzado a la oscuridad, y el siervo bueno y fiel que entró en el gozo de su Señor.

La verdad sobre el cielo

El cielo es el lugar donde el creyente vivirá eternamente, el lugar donde todo lo que allí se encuentre trae gozo al creyente. Allí no existe nada que pueda causar tristeza por toda la eternidad.

Es cierto que hay mucho sobre el cielo que no sabemos. Entre muchas cosas, no sabemos dónde está situado, ni conocemos su geografía, ni sabemos cómo es el clima. Sin embargo, la Biblia sí describe ciertas características del cielo.

El cielo es un lugar real y perfecto.

El cielo es un lugar tan real y palpable como lo son las ciudades que vemos a nuestro alrededor. El cielo no es un mero “estado de felicidad”, ni algo meramente mental. No es un estado nebuloso de una existencia ficticia. Es un verdadero lugar, preparado para personas glorificadas y en condiciones de habitar en él.

Muchos se burlan de la existencia del cielo y opinan que es solamente fruto de la imaginación. Otros dicen que el cielo consiste en lo bueno que uno disfruta en esta vida y el bien que se logra realizar mientras viva. Pero Jesús lo explica claramente cuando les dice a sus discípulos: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Él dijo que hay muchas moradas en la casa de su Padre y que, si no fuera así, él se les hubiera dicho (Juan 14:2). Él habló explícitamente acerca del cielo como un lugar real.

El cielo no es solamente un lugar real, sino también un lugar perfecto. No entrará nada en el cielo que pueda manchar su total perfección. Apocalipsis 21:27 dice: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira”. No habrá nada indeseable en el cielo ni habrá lágrimas, ni nadie tendrá que decir adiós nunca jamás. No habrá nada que manche el esplendor de ese lugar tan glorioso.

La Biblia habla de una ciudad en el cielo que tiene fundamentos cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10). El cristiano puede cantar con gran gozo: “Hay un mundo feliz más allá, Donde moran los santos en luz, Tributando eterno loor, Al invicto, glorioso Jesús."El cielo es un lugar verdadero, donde morarán personas verdaderas con el Dios verdadero y el Salvador verdadero, Jesús. El gran Arquitecto, el Carpintero de Nazaret, Jesucristo mismo está preparando ese lugar. Él dijo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2).

El cielo será nuestra morada con Dios.

El apóstol Juan en Apocalipsis 21:3 dice: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos... y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Lo más sobresaliente del cielo no serán los galardones, las coronas, las ropas blancas, los muros de jaspe, ni las calles de oro. El gozo más grande en el cielo consiste en encontrarnos en la presencia de Dios mismo, y será una eterna comunión con él, nuestro Padre, y con Jesús, nuestro Salvador.

A veces surge la pregunta si conoceremos a nuestros seres queridos y parientes como tales en el cielo. Para algunos, esta idea es de mucho consuelo después de que haya partido algún hijo infante u otro ser querido en el Señor. Tenemos en la Biblia el testimonio de David con respecto a su hijo infante que falleció. Él dijo: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí” (2 Samuel 12:23). Por el contrario, también hay muchos que lamentan el hecho de que algunos de sus parientes no son creyentes. En el relato que Jesús contó en Lucas 16:19- 31, el hombre rico desde el Hades reconoció a Abraham y Lázaro. También estaba muy consciente de que sus hermanos no estaban preparados para la muerte.

Quizá no hay una respuesta clara en la Biblia con respecto a esta pregunta. Lo que sí sabemos es que en el cielo no existirá la relación de matrimonio, así como la conocemos hoy, sino que seremos como los ángeles de Dios (Mateo 22:29-30). La Palabra de Dios también nos asegura de que de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas seremos reunidos en una sola identidad espiritual (Apocalipsis 7:9). Será motivo de gran gozo el reunirnos con los redimidos en el cielo.

El cielo será un lugar de descanso.

En Hebreos 4:9 dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”. El cielo es un lugar donde tendremos descanso de nuestras labores. Parece que sí habrá deberes que cumplir en el cielo. La Biblia dice que los siervos de Dios lo servirán. Esto da la idea de que el cielo no será la escena de una gran fiesta perpetua. No pasaremos sentados, haciendo nada. Habrá deberes que cumplir. Sin embargo, cualesquiera que sean nuestros deberes, el elemento de labor dura o fatigosa no lo experimentaremos allí.

En Apocalipsis 14:13 dice que los que mueren en el Señor “descansarán de sus trabajos”. En Apocalipsis 21:4 tenemos una promesa de que el cielo será un lugar donde no habrá sufrimiento. Dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Cualquiera que conoce el sufrimiento y la aflicción física en esta vida, o el que haya tenido la oportunidad de visitar a pacientes en el hospital y haya visto el profundo dolor y la angustia que algunos sufren, puede apreciar la gran promesa de un lugar en el que no habrá ninguno de estos males. No habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor. Las lágrimas, el dolor, el sufrimiento, y el llanto serán cosas del pasado.

La verdad sobre el infierno

Hoy día existen muchos burladores que se refieren al infierno como si fuera un chiste. El famoso actor y humorista, el finado Charlie Chaplin, dijo lo siguiente con respecto a la muerte: “Parece que siempre tengo frío. Espero ir al infierno cuando muera para que no tenga que sufrir más de frío.” Hasta donde sabemos, este hombre probablemente obtuvo lo que deseaba.

El infierno es quizás el tema de más chistes después de las bromas obscenas. Comunmente la gente se imagina al diablo vestido de traje largo de franela, y con cuernos y una cola. A veces lo presentan con un traje contra el fuego, dando órdenes de echarle más carbón al fuego o representaciones semejantes. Y para colmo de lo que suponen que sea una gracia, se ríen a carcajadas por los chistes. Pero tales personas ignoran lo horrendo de la realidad que desprecian.

Alguien dijo así: “Lo más cerca que llegaré al cielo es cuando viajo por avión. Iré al infierno, y cuando llegue, le ayudaré al diablo a echar más carbón al fuego para que se caliente más.” Otro dijo: “No sé si voy para el cielo o el infierno. Pero si voy para el infierno, me voy a divertir de ver allí a tantos miembros de iglesias que me estarán acompañando.” La verdad del caso es que los que rechazan a Jesucristo y no viven conforme a la Palabra de Dios, irán al infierno. Lamentable mente, muchos que se dicen ser cristianos irán al infierno también, aunque les aseguro que no estarán riéndose. Por el contrario, Jesús repitió siete veces que allí será “el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:13).

Una señora canadiense quiso hacer un viaje al estado de Michigan, en Estados Unidos. De antemano, escribió al departamento de transporte del estado, pidiendo información sobre un pueblo pequeño llamado Hell (inglés para infierno). En su carta, la mujer escribió: “Nos parecía divertido poder volver a casa y decirles a nuestros amigos que hemos vuelto de Hell.” El agente del departamento de transporte le envió un mapa de la zona y respondió así: “Para completar su viaje, quizá quieran también visitar al pueblo llamado Paradise (ingles para paraíso).” Ahora, no sabemos si estas personas pasarán la eternidad en el cielo o en el infierno. Lo que sí sabemos con toda certeza es que pasarán la eternidad en uno de esos dos lugares.

La actitud de la señora que antes mencioné es la de muchas personas hoy día. Cuando hablan del cielo, lo hacen de forma liviana, y cuando comentan sobre el infierno, lo hacen en forma de chiste. Al parecer, muchos creen que si logran presentar la existencia del infierno como algo absurdo, deja de existir. Sin embargo, la vida a este lado de la muerte no es un vacilón ni un chiste. Tampoco lo será después de la muerte. El hombre más amable que jamás ha vivido dijo así: “Temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). Es significativo el hecho de que las palabras más fuertes y terribles acerca del infierno hayan salido de la boca de Jesús mismo. La palabra “infierno” aparece 24 veces en el Nuevo Testamento. Y de éstas, 22 veces proviene de la boca de Jesús.

Existe mucho acerca del infierno que desconocemos. Pero hay tres cosas que sí sabemos con certeza.

El infierno es un lugar real.

El infierno no es sencillamente un “estado de infelicidad”. El hombre rico de Lucas 16:19-31 se dio cuenta de que no se encontraba sencillamente en un lugar nebuloso de una existencia ficticia. Él quiso que alguien les advirtiera a sus cinco hermanos que se arrepintieran “a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lucas 16:28). Asimismo el cielo es un verdadero lugar tal y como Jesús afirmó cuando dijo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2). La Biblia lo afirma.

Las últimas palabras de los que mueren en su condición inconversa, también dan testimonio de que las palabras de la Biblia son verdaderas. Presenciar la muerte de personas impías ha sido una experiencia espantosa para algunos. Voltaire, un filósofo y escéptico francés del siglo 17, sufrió una muerte horrible. Su condición llegó a ser tan espantosa al final de su vida que la enfermera que estuvo presente dijo: “Ni por todas las riquezas de Europa quisiera yo ver a otro impío morir”. Otro hombre rico llamado, Charteres, en su cama de muerte dijo: “Yo con todo gusto daría $150.000 con tal de comprobar que no existe el infierno”. Cierto hombre pobre (M.F. Rich), pocos momentos antes de morir, señaló con el dedo una estufa candente al rojo vivo que había en su aposento, y dijo así: “Quisiera antes pasar cien años asándome sobre esa estufa que pasar la eternidad con estas penas horribles que atormentan mi alma.

Amigo, de verdad existe un lugar llamado “cielo” donde los creyentes morarán para siempre. También existe un lugar llamado “infierno”, el destino horrendo para aquel que rechaza la salvación que ofrece Dios.

Si tú aún tienes dudas de que exista el infierno, ¿crees que valdrá la pena correr el riesgo de terminar allí? Cierto escéptico llamado Federico, haciendo burla de su amigo que le hablaba del cielo dijo: “Jorge, ¿qué tal cuando mueras te des cuenta de que no existe el cielo?” Su amigo con una sonrisa dijo: “Bueno, yo diría que la pasé bien intentando llegar”. Claramente, él disfrutaba de su experiencia de vivir la vida cristiana. Luego, Jorge le hizo esta pregunta a su amigo: “Federico, ¿qué dirías tú si cuando mueras, te dieras cuenta de que sí existe el infierno?”

Reflexiona, amigo lector, sobre esta pregunta. No crees que existe el infierno donde los impíos sufrirán el castigo eterno. ¿Qué tal resulta cierto?

El infierno es un lugar de tormento.

No te equivoques, el infierno es un lugar horrendo; es un lugar de tormento inexplicable. La Biblia usa ciertos términos para describir el infierno. Notemos algunos:

Oscuridad

Una palabra con que se describe el infierno es “oscuridad”. Judas habla de “la oscuridad de las tinieblas” (Judas 13). Jesús habla del infierno como “las tinieblas de afuera” (Mateo 8:12). El apóstol Pedro habla de “prisiones de oscuridad” (2 Pedro 2:4). El infierno es un lugar de oscuridad; es un lugar donde el sol no alumbrará nunca y el día no amanece nunca. Es un lugar que permanece en negrura, en oscuridad, y cubierta de tinieblas para siempre.

Fuego

La Biblia también usa la palabra “fuego” para describir el infierno. Jesús lo llama el “infierno de fuego” (Mateo 5:22), y el “horno de fuego” (Mateo 13:42). En Mateo 25:41 Jesús lo describe como el: “fuego eterno”. En Marcos 9:48 lo describe como un lugar donde “el fuego nunca se apaga”. Apocalipsis 20:10 lo llama el “lago de fuego y azufre”. Alguien pudiera argumentar que estos pasajes emplean un lenguaje figurativo. Es cierto. Pero, si comparamos lo que dicen con los otros pasajes bíblicos, obviamente se trata de una descripción literal del infierno. Y aunque fueran palabras figurativas, recuerda que lo verdadero siempre es más real o intenso de aquello de lo que es el símbolo que lo representa.

Otro diría: “El fuego emite luz. Si el infierno es un lugar de fuego, ¿cómo puede ser también cubierto de tinieblas?” Dios es el que nos describió el infierno con estas palabras. Para él no es difícil crear un fuego que no emite luz si él mismo creó el fuego y la luz. Quizá otro dirá: “Pero Dios es un Dios de amor y obviamente no echaría a una persona a sufrir en el infierno”. Mi respuesta a esta manera de creer es esta: Pon la mano sobre una estufa candente al rojo vivo y ve si Dios es tan bueno y amoroso como para no permitir que te quemes.

Por otra parte, Dios permitió que su único Hijo fuera azotado, y humillado, y finalmente clavado a una cruz. No te equivoques en creer que Dios no enviaría al fuego del infierno a quien rechace su oferta de salvación. El amor de Dios fue revelado en el Calvario, y para el que rechaza su amor, no le queda más que la ira de Dios (Hebreos 10:28-31).

Sed

Jesús también habló de una sed extrema para describir los tormentos del infierno. En el caso del rico en Lucas capítulo 16, él clamó pidiendo agua... sólo un poquito de agua. Él clamó al cielo que se enviara a Lázaro “que moje la punta de su 11 dedo en agua, y refresque mi lengua” (Lucas 16:24).

Durante la batalla de Gallipoli de la Primera Guerra Mundial, un destacamento de unos 30 soldados quedaron varados en una pequeña isla que carecía de agua dulce. Contaban con muy pocas provisiones, y finalmente su provisión de agua se agotó. Algunos intentaron saciar la sed con tomar agua salada pero esto sólo sirvió para aumentar la miseria. Otros apretaron los labios secos contra el suelo húmedo, pero tampoco sirvió. Algunos masticaron las suelas de los zapatos en busca de un poquito de humedad. Llega ron a tal extremo que la lengua les colgaba fuera de la boca. Un periodista que después llegó a la isla fue testigo de los gemidos y clamores de los soldados que morían de sed. En un reportaje que hizo, escribió lo siguiente: “Si el infierno es peor que esto, oh Dios, líbrame de ese lugar”.

El infierno es un lugar real de tormento. Si el infierno no es de fuego, si no hay tormento físico allí, si las almas en el infierno no claman por agua... entonces la Palabra de Dios es una mentira.

El infierno es un lugar de castigo eterno.

El infierno es un lugar miserable de llanto y amargura, pero quizá lo más trágico de todo es que los que terminan allí, estarán allí por toda la eternidad. Jesús dijo: “Irán éstos al castigo eterno” (Mateo 25:46). Daniel dijo así: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2). Jesús describe el infierno como un lugar en que “el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44). La Biblia nos enseña que los tormentos del infierno no terminan nunca. Si alguno muere en sus pecados, la Biblia dice que tal persona sufrirá en el lago de fuego bajo el juicio de Dios por toda la eternidad.

Todo ser humano puede abrirle a Jesús la puerta del corazón y recibir el amor de Dios y vivir con él por toda la eternidad. O también puede rechazar el amor de Dios y sufrir los tormentos en la terrible oscuridad del infierno por toda la eternidad. Si tú no has entregado tu vida al Señor Jesucristo, ¿por qué no tomas esa decisión ahora mismo? Te invito a humillarte y doblar la rodilla delante de Dios y entregar tu vida antes de que se te escape la oportunidad de salvación y la puerta se cierre para tí para siempre.

* * * * * 

1. Universalismo: la doctrina de que todo ser humano pecaminoso y separado de Dios algún día será reconciliado con Dios porque él es Dios de amor y misericordia.

2. Autor: Sanford Fillmore Bennett (1868) versión inglesa

جزئیات
زبان
Español
نویسنده
Harold S. Martin
ناشر
Publicadora La Merced
موضوعات

برگشت به لیست