Algunas personas creen que las mujeres cristianas no usan adornos. En verdad sí llevan adornos, pero no los adornos externos que lleva el mundo.
Vuestro atavío [...] sea [...] el interno,
el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible,
que es de grande estima delante de Dios.
1 Pedro 3:3, 4
Rut miró el sobre grueso que tenía en la mano: ¡Una carta de parte de Abuelita! Ojalá yo encuentre algunas respuestas para las preguntas que han surgido en las pocas semanas después de nuestra boda.
Como en sueño, Rut reflexionó sobre el gozo que compartían ella y Marcos. El día de la boda, ella le había dicho a su abuela:
—Quiero que nuestra felicidad agrade a Dios para que Él nos bendiga. Marcos y yo queremos ser fieles al Señor y vivir para Su gloria. —La abuela le había prometido a Rut que escribiría una carta para explicarle el plan de Dios para la esposa. Rut se sentó cómodamente a leerla.
El primer hombre fue la parte más noble de la creación. Dios tenía un papel especial para él. Él dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Dijo también que le haría ayuda idónea: alguien con quien pudiera procrear hijos y cuidarlos, alguien que compartiera sus gozos y tristezas, alguien que le diera consuelo y ánimo.
El hombre típico necesita alguien que haga de su casa un hogar, que prepare sus comidas y se encargue de su ropa. Él necesita simpatía y comprensión aun cuando falla. Me gusta pensar que cuando Marcos llegue a la casa estropeado y desanimado hallará una esposa que le dé un abrazo y le susurre al oído: “¡Tú eres mi rey!” El hombre necesita una compañera que le ayude a ser fuerte y fiel en las cosas del Señor.
¿Será que tu esposo te debe algo? Claro que sí, pero si te afanas por eso fácilmente llegarás a sentirte amargada. ¡Pon atención a lo que le debes a él! Le debes un amor que sobrepasa todos los amores; sólo tu amor a Dios lo excede. Cultiva y alimenta esta relación tan preciosa.
Ocúpate de la comodidad y las preferencias de él antes que las tuyas. Escúchalo. La esposa platicadora que tiene esposo callado se puede llevar bien con él, pero sólo si ella lo escucha cuando él tiene algo que decir. Indaga sus necesidades y esfuérzate por suplirlas.
Sométete a él. La única situación en la que te toca rehusar hacer su voluntad es si él te pida hacer algo que viola las Escrituras. “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes,[...] buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4, 5). Cuando la mujer que profesa ser cristiana desobedece a su marido, ¡aun los vecinos impíos saben que algo anda mal!
Considera también las directivas de estos versículos.
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos [...]. Como Sara obedecía a Abraham, llamándole Señor” (1 Pedro 3:1, 6). Por la sujeción de Sara, Dios le mostró misericordia y le concedió un hijo a pesar de su risa cuando oyó que sería madre en su vejez.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24). Primero sé leal a Cristo; entonces sé leal a tu marido. Siendo que Marcos es un hombre bueno, esa lealtad no te debe ser difícil. La mujer que tiene marido incrédulo debe ser tan leal como pueda a él.
Primera Corintios 11 nos enseña que el hombre es cabeza de la mujer. También enseña que la mujer cristiana lleva velo sobre su cabello largo como señal de que acepta el liderazgo del hombre. “Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (versículo 9). Dios no creó la mujer para que viva para sí misma sino para otros. La mujer que no está dispuesta a vivir sin egoísmo, especialmente para con su marido, no debe casarse.
Ya que el marido toma las mayores decisiones del hogar, ¿será que él disfruta más felicidad que su esposa? Te hablo por experiencia propia: ¡no resulta así! En el hogar cristiano, la esposa está agradecida de no tener la carga de tomar las decisiones finales. Ella puede estar contenta con el papel que Dios le ha dado.
“La mujer sabia edifica su casa, mas la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14:1). ¡Una sencilla mujer tiene mucho poder! Ella puede trabajar al lado de su marido y así construir su hogar o puede bloquearle el camino y así destruir el hogar para los dos. Ciertamente es bueno expresar tus ideas a Marcos, pero nunca debes obligarle a seguirlas. Eso dañará su confianza en ti y estorbará cualquier buena influencia que le brindes en el futuro.
La Biblia dice que son como una “gotera continua las contiendas de la mujer” (Proverbios 19:13). Tú sabes lo molestoso e irritante que es cuando el techo gotea continuamente. La esposa que discute con su marido hace que él se canse mucho y lo tienta a la amargura. Es pobre el hombre que tiene que vivir con una mujer egoísta, acusadora, criticona, una que le recuerda sus errores con bastante frecuencia y los agranda, y una que insiste en su propia opinión.
Por otro lado, “la mujer virtuosa es corona de su marido” (Proverbios 12:4). Él se siente honrado cuando anda con ella. “Mas de Jehová [es] la mujer prudente” (Proverbios 19:14). El hombre que tiene una buena esposa dirá: “¡Gracias a Dios!”
Hice una lista de las faltas más comunes que he observado en algunas esposas y cito versículos que nos enseñan lo contrario:
Cada esposa cristiana sincera conoce sus debilidades y sus fallas. Yo tengo las mías; y sin duda tú tienes las tuyas. Permite que Dios cultive en ti la gracia de la humildad. Pide disculpas de una vez y reconoce tus errores. Trata duramente contigo misma. Camina la segunda milla.
Una cosa más: Algunas personas creen que las mujeres cristianas no usan adornos. En verdad sí llevamos adornos, pero no los adornos externos que lleva el mundo. “Vuestro atavío no sea el externo, de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3, 4).
Olvida los ornamentos del mundo; ¡escoge el ornamento de grande estima! A Dios le agradará, y también a tu marido. ¡Qué feliz es el esposo y qué bendecido el hogar cuando la esposa está adornada del espíritu afable y apacible para la gloria de Dios!
Ésta es mi oración por ti.
Con lágrimas y con nuevo ánimo, Rut oró: “Padre celestial, me encomiendo a Ti, y por Tu gracia inefable seré una esposa para Tu gloria”.
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El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
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